Revista TURIA

Turia es una revista cultural del máximo prestigio que nace en Teruel en 1983. Está dirigida con un excelente criterio por Raúl Maícas Pallarés, que es jefe del gabinete de prensa de la Diputación Provincial de Teruel y licenciado en filología francesa. Turia ha recogido escritos de firmas tan prestigiosas como las de Camilo José Cela, Luis Buñuel, Savater, Aranguren, Octavio Paz, Günter Grass, etc.

Obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. Tiene difusión nacional e internacional y es la publicación cultural aragonesa de más dilatada trayectoria. Sólo publica inéditos y su preocupación preferente es la literatura contemporánea, tanto española como de otros países e idiomas. También publica trabajos sobre artes plásticas, cine, filosofía, música y entrevistas con los protagonistas de la actualidad cultural.

Turia está editada por el Instituto de Estudios Turolenses, y patrocinada por el propio Instituto, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Se estructura en nueve secciones que contienen creación, estudios literarios, ensayos, entrevistas y comentarios sobre la actualidad cultural y crítica de libros.

En su último número 105-106, incluye una reseña firmada por Carlos Fortea de mi novela El fotógrafo de cadáveres. La copio más abajo, ya que no tiene acceso directo por internet.

MEMORIA DEL FRÍO

El fotógrafo de cadáveres es un libro que tiene la especial condición de que de él no se sale como se entró. Nada permite esperarlo en las primeras páginas: de ellas emana una especie de seca objetividad, levemente inquietante, pero que todavía acoge al lector dentro de una cámara en la que aún no reina una temperatura desasosegante.

Sin embargo, pocas páginas (¿minutos? ¿segundos?) después uno empieza a sentir que el termómetro debe de haber bajado, porque en esa novela hace frío. Un frío salpicado de frases ardientes («Durante la noche, Arthur Klammer sueña que su madre ha muerto»), de ecos de Albert Camus que resuenan (¿o repican?) en la corteza de nuestros recuerdos.

Un frío de vidas cuestionadas. La trama las acoge como un guante a una mano: un fotógrafo viaja al frente serbio, durante la I Guerra Mundial, y el lector ya sabe desde la portada cuál habrá de ser su cometido, aunque todavía no sabe por qué; un soldado viaja también al frente, con un arma en la mano en lugar de una cámara, la frontera extrema de la vida humana se ofrece a los sentidos con una inminencia que sería agobiante de no ser tan gélida. La temperatura sigue bajando («Una curiosidad insana por ver de cerca el rostro del mal». «Es mejor despertar en el espejismo de un recuerdo amable que en una fría aldea de tumbas»), pero no alcanza el punto de congelación, aquel que permitiría al lector apartarse del libro, volverle la espalda con desesperanza.

Porque, dentro de este libro gélido late la vida. El lector la percibe en cada frase, transida de una intensa compasión (en el sentido etimológico del término) con la condición humana, llena de reflexiones sobre el destino absurdo de los hombres empujados a matar, o a morir, o a obedecer cualesquiera designios de un poder sustentado en valores irreflexivos.

En este libro gélido late el amor. Explícito en la trama, en las relaciones entre los humanos que, vivos o muertos, pululan por las páginas del relato, pero más aún implícito en las palabras con las que se nos cuenta. Amor como destino de la especie, pero también como pulido espejo de nuestras limitaciones. Y todo ello escrito en una prosa de abrumadora precisión. Una prosa compleja que crea la ilusión de ser sencilla, frases que quedan en la memoria como condensadas expresiones breves y, al volver a buscarlas en el texto, resultan ser extensas reflexiones que el lector ha bebido con el largo trago del champán y el corto impacto del aguardiente. Una prosa que abofetea como se abofetea al adormilado para despertarlo.

Julio Castedo no es nuevo en estas lides, como recuerdan los lectores de El jugador de ajedrez y Apología de Venus. Si lo fuera, habría que saludar con alegría la novedad. Los que ya éramos sus lectores saludamos el notable salto hacia adelante. –CARLOS FORTEA.

Julio Castedo, El fotógrafo de cadáveres, Barcelona, Plataforma, 2012.

turia

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